Palacio rosado siempre vigilado -arriba y abajo- por blancos soldados.
Hay dientes guardianes; otros, capitanes. Dos más movedizos, son dientes postizos.
Hay dientes bebitos: son los más chiquititos. Allí está, entre el coro, un diente de oro.
Es, según la ley, del palacio el rey. Entra al comedor Pepe Tenedor,
y a veces su esposa, Cuchara Brillosa. En sus carretillas hay puré, frutillas,
queso, salsa, huevos y duraznos nuevos. Té , café con leche, carne en escabeche.
Y una vez adentro... pobres alimentos. Pero un río de sangre hoy les quita el hambre.
Se asoma una taza a ver lo que pasa. Es que un diente flojo se viste de rojo,
pues está cansadp de vivir parado. Baila, da mil vueltas, hasta que se suelta.
Al palacio rosado llega un invitado. -¡Mis amigos dientes, los quiere!- les miente.
Lo envuelve un gabán de papel celofán. -Deseo entrar a ver su hogar.
-Caramelo, entra. Te abrimos la puerta. -Yo solo me pelo -dice el caramelo.
Pero este caballero es feroz guerrero. Ataca y se cuela por dientes y muelas.
Hasta que se vaya sigue la batalla. -¡Guerra al caramelo! -¡Guerra al caramelo!
Pero al rey Primero grita a los guerreros: -¡Terminen! -les pide- ¡Hay muchos heridos!
Busca en una lista el nombre del dentista, y allá va, ligero el palacio entero.
El dentista apura, prontito los cura y todos, contentos, ponen fin al cuento. |