La sinopsis de la editorial nos presenta “Balas de plata” como una novela revelación que ha ganado el premio que convoca la editorial Tusquets y que el autor es defendido a capa y espada por Arturo Pérez-Reverte, la editorial misma nos cuenta que:
Hundido por el abandono de la mujer a la que ha amado, y necesitado de psicoanalista, al agente Edgar «el Zurdo» Mendieta se le acumula el trabajo en cuanto se hace cargo del asesinato de Bruno Canizales, un prestigioso abogado con doble vida, hijo del ex ministro de Agricultura, al que encuentran con la cabeza perforada por una bala de plata. El teléfono del Zurdo no deja de sonar con las llamadas de su superior, que va anunciándole la aparición de nuevos cadáveres en tan sólo un par de días. ¿Quién hay detrás de todo ello? ¿Los narcos?, ¿los políticos alborotados ante las elecciones que se acercan?, ¿los miembros de la dudosa Pequeña Fraternidad Universal a la que pertenecía Canizales? La investigación, que no sin humor y adrenalina recorre antros y mansiones, y mezcla reporteros y bellísimas lesbianas, destapa un intrincado ovillo de perversos intereses, en el que el único realmente empeñado en ir hasta el fondo y, para variar, hacer justicia, es «el Zurdo» Mendieta. Tal vez porque ya no le queda nada que perder.
Si bien la novela es considerada dentro del género de literatura negra, y del género policiaco, debemos aceptar que primero cumple con todos los requisitos para pertenecer a dicho género, hay asesinatos y detectives, están los malos y los buenos que son escasos, y vulnerables, hay una localidad común con la que cualquiera se puede identificar y un lenguaje coloquial y vulgar, nada destacable.
Lo que realmente vale la pena de este libro es la fidelidad y el valiente retrato que hace el autor de la corrupción y el narcotráfico que se vive y como se vive en la ciudad de México, específicamente en la ciudad de Culiacán Sinaloa, es mucho lo que se habla en los noticieros y los periódicos, sin embargo Elmer Mendoza consigue con este libro no caer en la exageración ni en el amarillismo, si no por el contrario transporta al lector a la vida común de una ciudad acostumbrada a las muertes, los ejecutados, los disparos nocturnos o a plena luz del día, la impunidad y la corrupción.
Elmer Mendoza nos habla sin miedo, sin arte y con diálogos revueltos y de vez en cuando confusos, no por la coloquialidad del lenguaje utilizado, si no por la mala distribución de la escritura, Las pesquisas sufren los requiebros propios de un entorno corrupto, y el final no puede sino ser sintomático de una mirada escéptica sobre la realidad mexicana: triunfa no la ley sino la venganza. Édgar Mendieta, El Zurdo, ha sido dejado por su amante y sufre los ramalazos de un abuso sufrido en la infancia. A diferencia de David Valenzuela, el héroe pasivo de El amante de Janis Joplin (2001), Mendieta es díscolo ante su entorno: no colabora con los narcotraficantes (aunque sí se corrompe) y sigue las pistas así deba, poco creíblemente, incomodar la paz anciana de un poderosísimo capo.
Balas de plata, más allá de mi discutible crítica de la esquizofrenia estilística: estamos, sí, ante un narrador veloz y dotado para plasmar las vicisitudes de la violencia, pero Élmer Mendoza parece tan interesado en retratar los problemas sociales del sinaloense que pierde profundidad al tratar los problemas del ser humano. Hay más Culiacán que Mendieta. Narrar el norte, especulo, exigiría no fotografiar sino contradecir la realidad con personajes complejos y una sintaxis violentada, localizada en la riqueza del habla regional. Ya no Balzac. Siguen Conrad, Rulfo, Thomas Bernhard.
Literatura en el Bravo / Élmer Mendoza en JUAREZ lee Balas de Plata
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