No te atormentes por su corazón, corazón mío; déjalo en la oscuridad. ¿Qué se yo si su belleza es sólo de su cuerpo, y su sonrisa sólo de su cara? Déjame aceptar sin preguntas este sencillo sentido de sus miradas, y ser así feliz.
Igual me da si es un manto de ilusión el que sus brazos tejen alrededor de mí, porque el manto es rico y raro; y al engaño se le puede sonreír, y olvidarlo.
No te atormentes por su corazón, corazón mío; conténtate si la música es verdadera, aunque no se pueda fiar en la palabra; disfruta de la gracia que danza, como un lirio, sobre la mentirosa superficie ondeante, y sea lo que fuere de lo que vive allá en el fondo.
Deseaste mi amor, y, sin embargo, no me amabas. Por eso mi vida se cuelga de ti como una cadena, que te grita y se te aferra, más dura cuanto más luchas por ser libre.
Mi desesperación ha llegado a ser tu compañera mortal, y se agarra al más leve de tus favores, pretendiendo arrastrarte hasta la caverna de las lágrimas. Has destrozado mi libertad, y, con su ruina, te has fabricado tu propia prisión.