Con el fin del verano y el comienzo de las clases y el trabajo, lo que más apetece es una lectura ligera y que mejor que un buen thriller para aligerarnos los días, por supuesto escribir un thriller (un buen thriller) es mucho más difícil de lo que habitualmente uno piensa. Se requiere oficio y planificación. Eso hace que la mayoría acabe en desastre. Sin embargo aquí recomendaremos un buen thriller, uno ligero, digno de un musicólogo que por supuesto dista mucho de ser un “escritor” sin embargo, lo que sí es verdad, es que el autor consigue mantener la cordura, y, aunque haya algunos saltos injustificados de la historia, y se deje mucho de la trama al azar, al menos hay cierta coherencia. La décima sinfonía, una novela de Joseph Gelinek sobre la supuestamente desaparecida décima sinfonía de Beethoven. Superó absolutamente todas nuestras expectativas, si bien es cierto que no le teníamos mucha fe, consiguió engancharnos a sus páginas. Es más, he aprendido una barbaridad. Y sobre todo se me ha despertado de nuevo el gusanillo de la musicología.
